Cuando los países defienden la autodeterminación pero votan en su contra
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Nuestro análisis de la votación celebrada ayer en el Consejo de Seguridad de la ONU sobre el Sáhara Occidental revela una llamativa contradicción entre lo que algunos gobiernos afirmaron sobre el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación y la resolución que respaldaron.

31 October 2026

Fotografía: UN Photos/Martine Perret

El Consejo de Seguridad de la ONU no logró el 30 de octubre renovar el mandato de su misión en el Sáhara Occidental, la MINURSO, después de que Rusia vetara una resolución presentada por Estados Unidos y respaldada por 11 miembros. Una propuesta alternativa de Rusia para prorrogar el mandato sin modificaciones tampoco consiguió los apoyos suficientes.

La votación puso de manifiesto profundas divisiones sobre el futuro de la misión de la ONU y, más fundamentalmente, sobre el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación, ya que la mayoría de los miembros del Consejo respaldaron una iniciativa estadounidense que situaba en el centro del proceso político el plan de Marruecos para anexionarse formalmente el territorio: la denominada «propuesta de autonomía».

Pero, más allá del dramático enfrentamiento entre Estados Unidos y Rusia, la reunión puso de manifiesto otro problema: varios miembros del Consejo justificaron su voto a favor de la resolución estadounidense insistiendo en que seguían comprometidos con el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación, a pesar de apoyar un texto que habría convertido el plan de anexión de Marruecos en la única base para futuras negociaciones.

Dinamarca y Letonia destacaron especialmente por este planteamiento paradójico. Ambos países votaron a favor del proyecto estadounidense y, posteriormente, utilizaron sus explicaciones de voto para insistir en que no habían respaldado un resultado político predeterminado ni las reivindicaciones de soberanía de Marruecos. Sus declaraciones plantean una cuestión fundamental: ¿qué significado conserva la autodeterminación cuando el propio texto de la resolución —redactado por la Administración estadounidense— excluye desde el principio cualquier alternativa?

La reunión concluyó sin un acuerdo para renovar el mandato de la MINURSO. El proyecto estadounidense recibió 11 votos a favor, uno en contra y tres abstenciones, pero fue vetado por Rusia. Un proyecto alternativo ruso que proponía una prórroga sin modificaciones obtuvo únicamente tres votos a favor, uno en contra y 11 abstenciones, y fue bloqueado por Estados Unidos.

Al no aprobarse ninguna de las dos propuestas, el mandato de la MINURSO quedó pendiente de expiración el 31 de octubre.

Una propuesta estadounidense que estrechaba el horizonte político

El proyecto estadounidense, documento S/2026/868, proponía prorrogar el mandato de la misión un año más, pero también pretendía introducir cambios importantes en su identidad y en su papel futuro.

En particular, proponía eliminar la palabra «Referéndum» del nombre de la misión, que pasaría a denominarse Misión de las Naciones Unidas en el Sáhara Occidental (MINUSO). También solicitaba al secretario general que presentara propuestas sobre la futura estructura, dotación de personal y recursos de la misión, abriendo la puerta a posibles cambios en su configuración.

Sin embargo, el elemento de mayor trascendencia afectaba al propio proceso político. El texto identificaba la propuesta de autonomía de Marruecos como la única base para continuar las negociaciones y describía una autonomía genuina bajo soberanía marroquí como la solución más viable.

La resolución mantenía referencias a una solución política justa, duradera y mutuamente aceptable, de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas, incluido el principio de autodeterminación. Pero la inclusión de ese principio no resolvía la contradicción de fondo: si la propuesta de autonomía de Marruecos es la única base para las negociaciones, ¿qué alternativas reales le quedan al pueblo saharaui?

En su informe del 1 de octubre de 2026 (S/2026/781), el secretario general de la ONU subrayó que las conversaciones sobre la autodeterminación implicarían lógicamente que los saharauis también pudieran rechazar los planes de Marruecos. Este es un elemento fundamental del derecho a la autodeterminación: el pueblo saharaui debe ser libre de decir no a la propuesta de autonomía marroquí. El proyecto estadounidense eliminaba esta garantía explícita, privando en la práctica al proceso político propuesto de una salvaguardia fundamental: que el resultado refleje la voluntad libremente expresada del pueblo afectado.

Esto reviste especial importancia en un contexto de descolonización. El Sáhara Occidental sigue figurando en la lista de Territorios No Autónomos de la ONU y su estatuto no se ha resuelto mediante un ejercicio de autodeterminación reconocido internacionalmente.

Para Western Sahara Resource Watch, la cuestión no es si la autonomía puede debatirse como una posible fórmula política. La cuestión es si puede situarse legítimamente una fórmula política por encima de todas las demás posibilidades antes de que el pueblo cuyo futuro está en juego haya determinado libremente su voluntad. El derecho a la autodeterminación no puede reducirse a la oportunidad de negociar los términos de un resultado elegido de antemano.

Dinamarca y Letonia: respaldar el texto y distanciarse de sus consecuencias

Quizá las explicaciones de voto más llamativas fueron las de Dinamarca y Letonia.

Dinamarca votó a favor de la resolución estadounidense, pero su representante insistió posteriormente en que una solución duradera no podía venir predeterminada por el Consejo de Seguridad y debía surgir de negociaciones compatibles con la Carta de las Naciones Unidas y con el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación. Dinamarca también pidió a Marruecos que aclarase cómo garantizaría la autonomía bajo soberanía marroquí una oportunidad real para que el pueblo saharaui ejerciera ese derecho. Asimismo, subrayó que su voto no suponía reconocer la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental.

Letonia formuló un argumento extraordinariamente parecido. Tras votar a favor, declaró que su apoyo no suponía reconocer la soberanía de Marruecos ni respaldar la autonomía como resultado predeterminado del proceso político. También invocó su propia historia y afirmó que las voces y aspiraciones del pueblo saharaui debían seguir ocupando un lugar central en el proceso.

Estas declaraciones merecen ser examinadas a la luz del texto que ambos países respaldaron.

La propuesta estadounidense no se limitaba a invitar a las partes a debatir el plan de autonomía de Marruecos junto con otras posibles soluciones. Identificaba esa propuesta como la única base para continuar las negociaciones. La diferencia es fundamental.

Un Gobierno no puede resolver esta contradicción limitándose a explicar que su voto no debe interpretarse como un respaldo a las consecuencias del texto. La cuestión es qué habría establecido el propio texto.

Si el derecho a la autodeterminación significa que el pueblo saharaui debe poder determinar libremente su estatuto político, el marco de negociación debe preservar esa posibilidad. Respaldar un texto que convierte la propuesta de una de las partes en la única base para las negociaciones y, al mismo tiempo, insistir en que no se ha predeterminado ningún resultado exige una explicación que ninguna de las dos delegaciones ofreció de manera satisfactoria.

La petición de Dinamarca para que Marruecos aclarase cómo garantizaría su propuesta de autonomía la autodeterminación resulta especialmente reveladora. Reconoce que la compatibilidad de dicha propuesta con ese derecho sigue siendo una cuestión sin resolver. Sin embargo, Dinamarca votó a favor de una resolución que situaba precisamente esa propuesta en el centro y, de hecho, como punto de partida exclusivo de las negociaciones.

La declaración de Letonia también afirmaba que las aspiraciones del pueblo saharaui debían seguir siendo centrales, sin explicar cómo podrían materializarse en un proceso que ya no mantenía la referencia al referéndum en el nombre de la misión ni preservaba todo el abanico de posibles resultados políticos.

Para WSRW, esto ilustra un problema más amplio en el enfoque del Consejo. El principio de autodeterminación se invoca repetidamente como garantía diplomática, mientras que los parámetros prácticos del proceso corren el riesgo de restringir progresivamente el derecho que supuestamente deben proteger.

Los demás países que respaldaron la resolución estadounidense

Los restantes países que apoyaron la propuesta ofrecieron argumentos diversos, aunque varios fueron considerablemente más explícitos que Dinamarca y Letonia en su respaldo al plan de Marruecos.

Francia lamentó profundamente el veto de Rusia y describió el proyecto estadounidense como un paso importante para impulsar el proceso político. Su representante fue más allá del respaldo a las negociaciones sobre la autonomía y afirmó expresamente que Francia considera que el Sáhara Occidental forma parte de la soberanía marroquí. Francia pidió que se reanudaran las negociaciones sobre la base de la propuesta de Marruecos.

Esta posición plantea una cuestión especialmente seria sobre el papel de un miembro del Consejo de Seguridad en un proceso de descolonización dirigido por la ONU. La posición francesa no se limitaba a considerar que la autonomía podía debatirse: constituía una afirmación de la soberanía marroquí sobre un territorio cuyo estatuto definitivo sigue sin resolverse.

Reino Unido también respaldó el proyecto estadounidense y criticó el veto ruso. Describió la propuesta de autonomía presentada por Marruecos en 2007 como la base más creíble, viable y pragmática para alcanzar un acuerdo duradero, aunque mantuvo que cualquier resultado debía garantizar de manera efectiva la autodeterminación del pueblo saharaui.

Baréin expresó su pesar por la falta de aprobación del proyecto. Su representante manifestó abiertamente su apoyo a una autodeterminación genuina bajo soberanía marroquí, celebró la eliminación de la referencia al referéndum del nombre de la MINURSO y respaldó la iniciativa marroquí como base para las negociaciones. Baréin reiteró asimismo su posición favorable a la soberanía de Marruecos durante el debate sobre la propuesta rusa.

Panamá apoyó la resolución, argumentando que ofrecía una oportunidad para mantener el impulso diplomático y mejorar las condiciones sobre el terreno. Respaldó la propuesta de autonomía de Marruecos como la base más viable para las negociaciones, pero también sostuvo que una solución duradera debía respetar el derecho internacional y la autodeterminación.

Panamá hizo especial hincapié en la consulta a un amplio abanico de representantes saharauis, incluidos los habitantes del territorio, los campamentos de refugiados y la diáspora. Sostuvo que otras opciones también podían satisfacer el principio de autodeterminación, aunque organizar un referéndum pareciera difícil.

Colombia lamentó el fracaso de la resolución estadounidense y respaldó la propuesta de autonomía de Marruecos como base para una solución duradera. Su representante argumentó que los principios de soberanía y autodeterminación recogidos en el texto eran compatibles con la Carta de las Naciones Unidas.

Liberia ofreció uno de los respaldos más claros a la propuesta. Apoyó expresamente la iniciativa de autonomía de Marruecos y acogió favorablemente que la resolución describiera la autonomía bajo soberanía marroquí como la solución más viable y la única base para las negociaciones. Liberia argumentó que la referencia a la autodeterminación en la parte dispositiva de la resolución era suficiente para justificar su voto afirmativo.

La República Democrática del Congo votó a favor, alegando la importancia de la estabilidad y de la continuidad de las negociaciones. Describió la propuesta de autonomía actualizada de Marruecos como una base para los debates sustantivos celebrados a principios de año y pidió un diálogo constructivo.

Grecia, que ocupaba la presidencia del Consejo, también respaldó la iniciativa estadounidense. Su representante lamentó que no se aprobara la resolución y pidió una solución política que garantizara la autodeterminación del pueblo saharaui sobre la base de la propuesta de autonomía de Marruecos.

Estados Unidos, como país redactor de la resolución, defendió su propuesta argumentando que, tras décadas de intentos fallidos, el referéndum se había convertido en una opción inviable. Señaló las condiciones humanitarias en los campamentos de refugiados y sostuvo que continuar prorrogando el mandato actual de la MINURSO perpetuaría un statu quo inaceptable.

Washington presentó la iniciativa de autonomía como una vía para impulsar el proceso político y afirmó que su resolución había incorporado las preocupaciones planteadas por los miembros del Consejo, incluidas las relativas a los refugiados y a la autodeterminación.

Estados Unidos también argumentó que los cambios propuestos para la MINURSO permitirían adaptar mejor la misión a las realidades políticas actuales.

Sin embargo, la urgencia humanitaria de la situación de los refugiados no responde por sí misma a la cuestión del estatuto político. La situación de los refugiados saharauis no puede utilizarse para justificar la eliminación precisamente del derecho cuya falta de aplicación constituye una de las causas fundamentales de su desplazamiento.

Las abstenciones: preocupación por la predeterminación del resultado

Tres países se abstuvieron en la votación del proyecto estadounidense: China, Pakistán y Somalia.

China apoyaba una prórroga de un año del mandato de la misión, pero consideraba que el texto estadounidense estaba desequilibrado. Argumentó que la propuesta no se basaba adecuadamente en las anteriores resoluciones del Consejo de Seguridad y que ejercía presión sobre una de las partes para que aceptara un resultado predeterminado. China defendió que las negociaciones debían desarrollarse en condiciones de igualdad y garantizar el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación.

Pakistán reiteró que la autodeterminación debía seguir siendo un principio inviolable de cualquier solución política. Respaldó la continuidad del papel estabilizador de la MINURSO y sostuvo que cualquier modificación de la misión debía guiarse por los avances del proceso político y las condiciones sobre el terreno.

Somalia expresó su preocupación por que determinadas disposiciones del proyecto estadounidense pudieran prejuzgar el resultado de las negociaciones. Defendió que una solución justa y mutuamente aceptable debía surgir de un diálogo y un compromiso genuinos, teniendo en cuenta los intereses y las aspiraciones del pueblo saharaui.

Estas abstenciones reflejaron una preocupación compartida por varias delegaciones: que el marco de negociación propuesto corría el riesgo de ir más allá de facilitar las conversaciones y pasar a predeterminar su resultado.

El veto de Rusia y la resolución alternativa

Rusia fue el único país que votó en contra de la propuesta estadounidense y ejerció así su derecho de veto.

Su representante argumentó que el proyecto suponía un alejamiento del marco histórico para resolver el conflicto y relegaba el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación. Rusia criticó el énfasis exclusivo en el plan de autonomía de Marruecos y la eliminación de la referencia al referéndum del nombre de la MINURSO.

Rusia también sostuvo que el Consejo de Seguridad no tenía autoridad para predeterminar cuestiones de soberanía ni para retirar el Sáhara Occidental de la agenda de descolonización.

Posteriormente, presentó una resolución alternativa que proponía una prórroga técnica, sin modificaciones, del mandato vigente de la MINURSO durante un año más.

La propuesta rusa no obtuvo los nueve votos necesarios. Recibió tres votos a favor, uno en contra y 11 abstenciones. Estados Unidos votó en contra.

La propuesta alternativa de Rusia recibió el apoyo de Somalia y Argelia, mientras que los demás miembros del Consejo se abstuvieron.

Las abstenciones pusieron de manifiesto una distinción importante entre apoyar la continuidad de la MINURSO y respaldar el planteamiento ruso para garantizar esa continuidad.

Francia se abstuvo alegando que Rusia había presentado su propuesta demasiado tarde y que esta socavaba las negociaciones sobre el proyecto estadounidense.

Letonia y Dinamarca también se abstuvieron, reiterando que apoyaban a la MINURSO, pero consideraban que el texto ruso era un intento de socavar la propuesta estadounidense. Ambos países mantuvieron que la iniciativa de Estados Unidos ofrecía un marco más orientado al futuro.

Pakistán se abstuvo e hizo un llamamiento a favor de una posición coherente y unificada del Consejo que preservara la MINURSO y respaldara la autodeterminación.

Baréin se abstuvo, argumentando que las resoluciones paralelas podían socavar las negociaciones, y reiteró su apoyo a la soberanía marroquí.

Liberia también se abstuvo, señalando que era necesario aportar claridad al proceso político.

El Reino Unido instó a los miembros del Consejo a encontrar una solución basada en la propuesta estadounidense, mientras que Estados Unidos rechazó el texto ruso alegando que la misión debía evolucionar, en lugar de continuar bajo un mandato que consideraba ineficaz.

Argelia: una advertencia sobre las consecuencias para el derecho internacional

Argelia, que participó en la reunión como país vecino y de acogida de los refugiados saharauis, realizó una extensa intervención en la que cuestionó los fundamentos jurídicos y políticos de la propuesta estadounidense. Su representante describió la autodeterminación como el principio fundamental para resolver el conflicto y advirtió contra la reducción de un derecho inalienable a una fórmula de autonomía bajo la soberanía de la potencia ocupante.

Argelia sostuvo que el texto estadounidense trataba, en la práctica, la soberanía marroquí como punto de partida y de llegada de las negociaciones, en lugar de dejar que el estatuto definitivo del territorio se determinara mediante un proceso conforme al derecho internacional.

También advirtió contra la reducción del pueblo saharaui a una población refugiada cuyas necesidades humanitarias pudieran abordarse al margen de sus derechos políticos.

La intervención de Argelia puso de relieve una distinción fundamental: la ayuda humanitaria, el registro de refugiados y las soluciones duraderas son importantes, pero no pueden sustituir la resolución de la cuestión de fondo relativa a la descolonización.

Marruecos, también invitado a participar en la reunión, aprovechó su intervención para defender la propuesta estadounidense y cuestionar la posición de Argelia, al tiempo que intentaba desviar la atención hacia la situación humanitaria en los campamentos de refugiados saharauis. Sin embargo, el propio desplazamiento que Marruecos mencionaba es inseparable de su invasión militar y ocupación del Sáhara Occidental en 1975. Decenas de miles de saharauis huyeron ante el avance de las fuerzas marroquíes y los ataques de la fuerza aérea de Marruecos, y los desplazamientos continuaron como consecuencia de posteriores operaciones militares y de la represión. Pese a ello, el representante marroquí habló del registro de refugiados y de la libertad de circulación como si la situación humanitaria fuera un problema desvinculado de la responsabilidad de Marruecos en su origen. En lugar de abordar la cuestión fundamental de por qué el pueblo saharaui sigue en el exilio, Marruecos utilizó el debate para defender su propuesta de autonomía para un territorio que mantiene bajo su control en contra del derecho internacional, y expresar su agradecimiento a Estados Unidos y a los países que respaldan su posición.

La autodeterminación no puede reducirse a un lenguaje diplomático

La reunión del Consejo de Seguridad puso de manifiesto una contradicción fundamental en la respuesta internacional al Sáhara Occidental.

Durante décadas, las Naciones Unidas han mantenido que el estatuto del territorio sigue sin resolverse y que el pueblo saharaui tiene derecho a la autodeterminación. El Sáhara Occidental continúa figurando en la lista de Territorios No Autónomos de la ONU y el proceso de descolonización no ha concluido.

Sin embargo, la votación del 30 de octubre demostró hasta qué punto este principio puede desvincularse de las decisiones prácticas adoptadas por la propia institución encargada de mantener la paz y la seguridad internacionales.

Los países que respaldaron la resolución estadounidense invocaron repetidamente el lenguaje de la autodeterminación. Algunos apoyaron abiertamente la soberanía marroquí; otros insistieron en que sus votos no debían interpretarse de ese modo. Pero los 11 votos afirmativos respaldaron un texto que convertía la propuesta de autonomía de Marruecos en la única base para continuar las negociaciones.

Las explicaciones ofrecidas por Dinamarca y Letonia resultan especialmente difíciles de conciliar con esa decisión. Insistir en que el derecho del pueblo saharaui debe seguir ocupando un lugar central no es suficiente. La cuestión es si el marco que votaron a favor de respaldar protege realmente la posibilidad de que el pueblo saharaui determine libremente su futuro.

Para Western Sahara Resource Watch, no se trata simplemente de un desacuerdo sobre el nombre o la configuración de una misión de la ONU, ni de una disputa técnica sobre la eficacia de las operaciones de mantenimiento de la paz.

Lo que está en juego es la integridad del proceso de descolonización y el principio de que el futuro político de un pueblo no puede determinarse en función de conveniencias diplomáticas, negociaciones geopolíticas o preferencias de los Estados más poderosos.

El pueblo saharaui no es simplemente una parte interesada en una negociación entre Marruecos y otros gobiernos. Es el pueblo cuyo derecho a la autodeterminación está en cuestión.

La incapacidad para alcanzar un acuerdo sobre la renovación de la MINURSO plantea a las Naciones Unidas un desafío institucional inmediato. Pero el reto de mayor calado consiste en restablecer un proceso político que no trate la autodeterminación como una expresión que se incluye en las resoluciones mientras se restringen progresivamente las opciones disponibles para el pueblo que tiene derecho a ejercerla.

La autodeterminación debe ser algo más que una promesa en las declaraciones del Consejo de Seguridad. Debe seguir siendo el principio rector y el verdadero objetivo del proceso.

Los vetos cruzados de EEUU y Rusia dejan en el aire el futuro de la MINURSO

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